Cocinar puede ser usado como un acto de meditación

Quizás te encuentres pensando sobre la relación que pueden guardar la meditación zen que se trata de una técnica que proviene de Oriente y que básicamente consiste en mantener la atención sostenida en el aquí y el ahora centrados en la respiración, observando sin permitir los devaneos pensantes de la mente.

Con el acto de cocinar que es conocido como el arte de elaborar guisos, aderezar los alimentos, elaborar y mezclar las bebidas con las que nos nutrimos además de brindarle placer al paladar y que ni siquiera involucra la meditación.

De acuerdo al psicoterapeuta Raúl Vincenzo Giglio, quien es el autor del libro `La cocina como meditación’, “cuando se realiza con consciencia y desde el corazón, la cocina, al igual que la meditación, crea un espacio de aprendizaje convirtiéndonos en observadores y cocineros de nuestra propia evolución y desarrollo. Se trata de un camino ameno, divertido y metafórico para nuestro crecimiento interior”.

Como una forma de comprender dicho “camino”, es importante tener el conocimiento que nos aporta el autor en relación a los ejercicios prácticos y todas las propuestas culinarias, con las que nos invitan a conocer más sobre nosotros mismos y nuestra alimentación interior.

Pero además, a través de ello poder experimentar sobre las diversas texturas, olores, sabores y colores, desde la meditación y la filosofía Zen centrada en la experiencia que ofrece el momento presente y que funciona como fuente de conexión con una realidad superior, dejando a un lado el discurso racional y lógico.

Desde las páginas de este libro, Raúl Vincenzo Giglio, quien también es profesor de yoga y coordinador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, hace una propuesta de “inundar con sensaciones y entusiasmo lo que nos rodea y experimentar a través de sus elementos más sencillos, lo alimentos, la paz y el regocijo de servir al otro lado desde la exquisitez del paladar”.

 “Cocinar desde el corazón”

Es una frase que guarda relación con dar todo lo que somos a través del cariño, la atención, la bondad, la vocación de servicio y esa notable actitud con la que se busca alimentar al mundo desde un lugar que se ubica lejos de lo funcional dentro de la cocina, esa especie de órgano vital que se encuentra en cualquier hogar.

Es como tratar de interiorizar, escuchando a las legumbres o a las verduras siendo conscientes de su sagrada música, contactando con esa fuente de amor que llevamos dentro y usando los diferentes actos de la cocina que van desde comprar en un mercado, cortar, pelar, entre otros, como una manera de encausar ese amor que esta solicitando que sea expresado por cualquier vía, incluso por la meditación. Y como era de esperarse, compartirlo luego con los demás.

Cuando se logra disfrutar de la vida cocinando desde lo más profundo del propio yo, se alcanza un mayor conocimiento del mundo que nos rodea y de nosotros mismos, mediante el extraordinario poder que significa brindar amor a los demás en forma de variadas entregas. De esta manera entendida y vivida, la cocina llega a transformarse en un camino hacia la felicidad.