Nuestra salud y la alimentación

La relación existente entre la alimentación y la salud ha sido un tema que se ha percibido desde los tiempos de Hipócrates, y de eso ya hace más de 20 siglos. Pero, incluso en esta época denominada moderna, las prioridades de la ciencia se encuentran orientadas a evitar las patologías que guardan relación con las carencias nutricionales y aún continúa siendo de esta forma en un amplio sector de la población a nivel mundial. 

A partir de 1960 fue establecida una correlación entre el desarrollo de diversas enfermedades y algunos aspectos en lo que respecta a la composición de la dieta y su proceso de manipulación industrial o culinaria. En compañía de dichos hallazgos, la investigación ha logrado identificar factores con potencial protector e incluso terapéutico.

Un ejemplo de ello podrían ser las enfermedades cardiovasculares, asegura Luis Pedro Cobiella. El rol de la alimentación en su génesis, en compañía del uso del tabaco y la baja actividad física, son incuestionables. 

Con la finalidad de establecer normas con las que se promocione la salud y se logre limitar el riesgo, las diferentes asociaciones tanto nacionales, como internacionales (FAO/OMS) se han encargado de elaborar lo que se conoce como guías dietéticas, y su función se encuentra en orientar en referencia a los patrones de alimentación que son más saludables para la población, y que están adaptados a cada país o cultura.

Entre los alimentos cuyo consumo es conviene incrementar están incluidos las verduras, legumbres, frutas y cereales integrales; mientras que de la misma forma deben evitarse las grasas animales, la bollería y las bebidas alcohólicas. 

Lo aconsejable es la ingesta de, al menos, una ración de verdura cocinada durante el día, una de verdura fresca (ensaladas), 3 piezas de fruta como mínimo, 2 a 3 raciones de legumbre semanales y 2-3 lácteos (vaso de leche, yogur, etc.) al dia.

Del mismo modo, es conveniente alternar el consumo de pescado y carne como fuente de proteínas, y en el caso de la carne, es preferible la que es más pobre en grasa saturada, como lo son el pollo o el pavo.

El mayor inconveniente que ha surgido de dicho modelo se encuentra en lo costoso que es y en la necesidad de que se elaboren los alimentos en la cocina. Las enfermedades cardiovasculares que guardan  relación con la arteriosclerosis vienen a ser una de las principales causas de mortalidad y cuyo origen se encuentran los depósitos grasos en las paredes de las arterias, siendo consecuencia directa de la hipertensión arterial (HTA) y las alteraciones de los lípidos.

Alimentación: hipertensión, colesterol y obesidad

Para el control de la hipertensión arterial (HTA), es sumamente importante que se restrinja el aporte de sal dietética, para lo que se deben evitar salazones y conservas. Así mismo, hay que  hacer uso de los saborizantes alternativos, o preparados a base de especias.

En el caso del alcohol este debe restringirse a cantidades inferiores a 30 g diarios, es decir, unas 2 copas de vino o dos cervezas, cosa que resulta también eficaz. Contra la creencia popular, el papel del café es irrelevante.

Cuando se trata de colesterol y triglicéridos es imperante  reducir al máximo el consumo de las grasas de origen animal, incluidas las de los lácteos y las grasas saturadas de origen vegetal que son empleadas en la repostería industrial, derivadas de los aceites de palma y coco. El pescado, tanto blanco como azul, los aceites vegetales, especialmente de oliva virgen, y frutos secos (salvo sobrepeso), consiguen reducir el colesterol ‘malo’ e incrementar el ‘bueno’.

Las personas deben incluir una alimentación que sea rica en antioxidantes, como las frutas y las verduras, debido a que tienen una acción preventiva en los que es el desarrollo de tumores, sobre todo del tracto digestivo, así como el consumo de fibra, la reducción de grasas y la moderación con el alcohol.

El aporte de suplementos a los propios alimentos con microorganismos de las familias Lactobacillus y Bifidobacterium constituye lo que se denomina alimentos probióticos, con capacidad de estimular el sistema inmune y un papel demostrado en la recuperación de los procesos diarreicos y enfermedades intestinales.