¿Qué tipo de tierra es la más recomendable para usar en mis plantas?

El mercado nos ofrece una amplia variedad de sustratos y limpiador de sustratos para las plantas con marcas y composiciones distintas que varían en función del tipo o grupo de planta en la que desee utilizar, considerando también otros criterios. Debido a ello, cada vez se ha tornado más complicado seleccionar la tierra que es adecuada debido a la creciente y diversificada oferta.

Inicialmente debemos conocer para qué sirve el sustrato. Este se trata de un medio sólido, orgánico o mineral, en donde se desarrolla la raíz y funciona como sustento para la parte aérea de la planta. Así mismo, actúa en la retención de agua y de nutrientes, lo que favorece el crecimiento, floración y fructificación. Dependiendo del fabricante, un sustrato, que puede ser un sustrato ecológico, quizás llegue a incluir otro tipo de elementos inertes como lo son perlita, vermiculita o fibra de coco, estas favorecen la aireación del sustrato, drenaje o retención de agua y nutrientes. Los sustratos pueden incluir o no abonos, lo que vendría a complicar más la elección.

Sustrato a elegir

Universales: para iniciar, se pueden distinguir entre sustratos universales y específicos. En el caso de los primeros, estos funcionan para el 90 % de las plantas, tanto de interior, como de exterior, caducas o perennes, con flor o sin flor. Por lo que, los sustratos universales suelen ser la mejor opción.

Estos se encuentran compuestos a base de turba y, según el fabricante, se les añade perlita, fibra de coco y algún abono orgánico o mineral, o estimuladores de raíces. Cuentan con un pH de entre 5 y 7.5, una capacidad de retención de agua entre el 70 y el 85% y un contenido de abono entre 50 hasta 500 miligramos por litro de sustrato. 

Específicos: son fabricados pensando en un grupo concreto de plantas, ya que aportan elementos que son específicos. Generalmente se encuentran compuestos a base de turba también, pero existen pH distintos u otros elementos como arcillas o abonos. Entre los sustratos que son específicos y suelen ser de uso habitual encontramos: 

  • Sustratos ácidos: tienen un pH inferior a los sustratos universales. Oscilan entre los pH 4 y 5. Resultan ideales para plantas acidófilas, que en su mayoría son plantas de sombra o plantas de orientación norte, como hortensias, camelias, rododendros, azaleas, gardenias, helechos, aucubas, nandinas o los acer japonés.
  • Sustratos para huerto o frutales: cuentan con un alto contenido de macronutrientes Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K). Tales elementos favorecen el crecimiento, la floración y, en consecuencia, con la generación de los frutos. Así mismo, pueden incluir componentes de procedencia orgánica como humus de lombriz o guano, de manera que son los mejores sustratos para la plantación de huertos y plantas de frutos comestibles, conocidos más comúnmente como sustrato vegetal.
  • Sustratos para rosales: a estos les añaden un extra de abono que puede ser humus de lombriz o guano. Gracias a estos nutrientes extra, se consigue una floración más potente. Además suelen contener arcilla expandida para favorecer el drenaje y la retención de nutrientes.
  • Sustratos para plantas de flor: tienen un alto contenido en humus, con nitrógeno, potasio y fósforo, pues se trata del macronutriente más implicado en la floración de las plantas. Son válidos para cualquier tipo de rosal y plantas de temporada de flor.
  • Sustratos para planta verde: resultan los mejores cuando se trata de todo tipo de plantas verdes de interior como kentias, arecas, espatifilos, crotones o begonias, así como para todo tipo de palmeras. Contienen hierro (Fe), que favorece el verdor de las hojas. Estos son sustratos que son ligeramente ácidos, con pH comprendidos entre 5 y 6.5. Pueden incluir perlita para favorecer la aireación. Entre ellos podemos encontrar: 

Abonos: diversos sustratos incluyen algo de abono, por lo que es posible optar por adquirirlo aparte y añadirlo en el momento en que la planta lo necesite, sobre todo en épocas de crecimiento o floración. El abono es indudablemente el alimento de la planta, que se desarrolla debido a que intervienen los macronutrientes: Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K), y los micronutrientes, absorbidos en menor medida, pero también importantes: Boro (B), Hierro (Fe) o Zinc (Zn), entre otros.

Mantillo: este es quizás el abono orgánico más conocido y que habitualmente se usa gracias a que su precio también es asequible. Procede de desechos vegetales por lo que aporta gran valor nutritivo y protege del frío a las raíces. En contraparte, debemos prepararnos para su olor particular, y además estar pendiente de las hierbas no deseadas que pueden presentarse. 

Estiércol de caballo: supone un excelente aporte nutritivo, y es por ello que es el abono típico para huerto y frutales. El mantillo, es muy asequible económicamente, pero aporta semillas de malas hierbas y algo de olor desagradable.

Humus de lombriz: su origen se encuentra en la lombriz roja californiana, y aporta nutrientes que generan gran rendimiento con poca cantidad. Si se le compara con otros abonos orgánicos, en él destaca la desaparición del mal olor y además no contiene semillas de malas hierbas.
Guano: se obtiene de las heces de las aves y similar a lo que sucede con el humus de lombriz, llega a aportar nutrientes con gran rendimiento a partir de poca cantidad. No desprende olor, ni contiene semillas de malas hierbas.